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Comentarios al texto: “Los paradigmas del desarrollo de Latinoamérica” de José Antonio Ocampo

Foto del escritor: efmachuca@gmail.com
efmachuca@gmail.com
1 abr 2018
5 min de lectura

Citando a Albert O. Hirschman, uno de los padres de la economía del desarrollo y parte del grupo de economistas del paradigma de la modernización: “Esencialmente, el debate se define por dos grandes preguntas: Una, ¿dónde está la responsabilidad por nuestro rezago? ¿En nosotros o en el mundo exterior que nos explota? Dos, ¿cómo podemos progresar? ¿Imitando a otros o forjando nuestro propio camino?”. En una primera parte se realizará una recopilación de los aportes que se consideran como los más importantes del texto, y, posteriormente se expondrán una comparativa crítica con los países asiáticos, para finalizar con unas breves conclusiones.


Dentro de los debates actuales sobre las distintas etapas del desarrollo latinoamericano, uno de los argumentos comunes es que a América Latina se la ha visto en función de su articulación con la economía mundial, un argumento que ha prevalecido en el primer período de la etapa exportadora (finales del siglo XIX), pero también los sigue siendo en el pensamiento estructuralista (años 70). Esta idea, al contrario del argumento ortodoxo, buscaba redefinir la articulación de América Latina con la economía mundial, mas no aislándose totalmente de ella.


Por otro lado, el liberalismo, planteado como un derecho que brinda igualdad a la sociedad y el derecho de propiedad planteada sobre todo en la libre empresa, y que florecieron en partidos políticos austríacos, alemanes, latinoamericanos, etc., los cuales partiendo de estos derechos, sobre todo de la igualdad social, desarrollaron una tendencia intervencionista cercana a la social democracia, sin embargo, este liberalismo desde sus primero brotes en Francia y Estados Unidos (siglo XVIII), nació en sociedades desiguales, con ambivalencias notorias, como el caso Latinoamericano con desigualdades profundas, fruto de su pasado colonial. La tercera proposición del autor es la heterogeneidad regional latinoamericana que es palpable en aquellos países con pasado indígena, sobre la base de la esclavitud, sobre la colonización de blancos pobres o con inmigraciones tardías de mano de obra europea.


En este contexto, Raul Prebisch, a mediados de los sesenta, indicaba que en el seno de la agrupación regional, sobre todo si su ámbito es limitado, se corre el riesgo de que los países pequeños pasen a depender demasiado de los grandes y la única forma de evitarlo es la diversificación de sus mercados de exportación ya que el desarrollo de exportaciones mundiales al resto del mundo tendrá efectos beneficiosos sobre el intercambio de países en una misma región, y así al incrementarse el comercio intrarregional estás estarán en mejor posición para competir con el resto del mundo[1], generándose un circulo virtuoso. El avance principal que el estructuralismo de la CEPAL aportó a los estudios del desarrollo consistió en proporcionar una explicación de las transformaciones que se producían en la estructura productiva de los países subdesarrollados a medida que se adentraba en la senda de la industrialización[2]. No obstante, en la década de los 90, se introduce el documento de la CEPAL denominado “Transformación productiva con equidad”, o como vino a denominarse “neo-estructuralismo” y que giraron en torno a cuatro temas: de carácter productivo, de políticas activas macroeconómicas anticíclicas, combinación de la apertura externa con el regionalismo, pero, sobre todo, colocando a la equidad en el centro del desarrollo.


El desempeño económico posterior a la denominada “década perdida” (años 80) debido a perturbaciones económicas de amplio alcance, vino acompañada de una leve recuperación económica de siete años (1990-97) y en el 2003 la posición de América Latina en la economía mundial había retornado a los niveles de 1900. En relación con los niveles de pobreza, según datos de la CEPAL, a inicios de los años 90 esta se incrementó a un 48% y disminuyó paulatinamente hasta el año 2002 en un 44%, con un ligero aumento en 1997 fruto de la media década perdida, hasta recuperarse en el año 2005 a los niveles de pobreza similares a los años 80 (en torno al 40%). Es decir, en materia social, no hubo una década perdida sino un cuarto de siglo perdido latinoamericano.

Extrapolando esta situación de desarrollo, a la de los “tigres asiáticos” y tomando como ejemplo el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, se puede decir que el cambio productivo dotó a estas economías de un crecimiento desequilibrado muy importante, lo que permitió que al final del siglo XX, estas economías terminen siendo consideradas de renta media[3]. Si bien la industria brasileña, tomando como caso particular en Latinoamérica creció durante el siglo XX, su ritmo de crecimiento no fue tan acelerado como, por ejemplo, Corea del Sur, en el cual el paquete de condiciones estatales formuladas en la presidencia de Park, significó una rápida industrialización apoyado por una reforma agraria, una base industrial, estratos empresariales bien organizados, y una población educada. En este marco, en Corea del Sur, se pueden evidenciar que políticas anti liberales en un principio y su paso hacia una economía dirigida por el Estado, generaron un proceso de desarrollo acelerado en su economía[4].


Para finalizar, hoy en día, no se puede contestar afirmativamente al enunciado planteado en la introducción, la ciencia económica actual sigue siendo incapaz de responderla. El predominio de una visión tecnocrática negando el alcance de la democracia en relación con la organización económica, ha dado paso a tentaciones populistas tanto de derecha como de izquierda. Por otro lado, hablar de efectividad o no de la propuesta de la CEPAL en relación con la economía mundial es no considerar las condiciones iniciales o el panorama general de cada país, ya que, sin lugar a dudas, este modelo ha formado parte del eslabón del desarrollo en cada país en concreto, pero este, a diferencia de los “tigres asiáticos”, no ha sido el único ingrediente capaz de palear el subdesarrollo y el cambio estructural de las economías, sino que ha venido de la mano de políticas económicas estatales dirigidas a promover el crecimiento comercial y económico, pero con características propias. En palabras del uno de los integrantes de la teoría de la dependencia Samir Amin: “el desarrollo desigual impone la desconexión con la economía mundial como alternativa para que la periferia pueda lograr un desarrollo popular, nacional y autocentrado[5].

[1] Prebisch, R. (1965): Nueva política comercial para el desarrollo. FCE, México (discurso de 1964)


[2] RAMIREZ CENDRERO, J.M. (2008) “Génesis y evolución de la idea de desarrollo. De la inevitabilidad del desarrollo al debate sobre su pertinencia”, en Puerto Sanz, L.M: (coord.): Economía para el desarrollo. Lecturas desde una perspectiva crítica, Madrid, Los Libros de la Catarata, p.23-78


[3] KOHLI, A., 2004. State-Directed Development: Political Power and Industrialization in the Global Periphery. Cambridge: Cambridge University Press.


[4] Ibídem


[5] Amin, S. (1988): La desconexión (selección) Iepala, Madrid. “La alternativa: el desarrollo nacional y popular, la democracia social y política, la desconexión”

 
 
 

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