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Explicaciones de la crisis económica de 2008

Foto del escritor: efmachuca@gmail.com
efmachuca@gmail.com
8 may 2018
5 min de lectura

Actualizado: 9 sept 2018


Para explicar una crisis económica es importante definirla para Álvarez, Luengo y Uxó, una recesión económica implica una caída del PIB y, en general, de toda la actividad económica (empleo, consumo, inversión). Normalmente se entiende que una economía ha entrado en recesión cuando el PIB cae al menos durante dos trimestres consecutivos, cuando esta situación alcanza proporciones muy importantes (por ejemplo, una caída del PIB que supera el 10%, se habla de depresión económica. Entre 1929 y 1933 el PIB estadounidense cayó un 33%[1].

El crash financiero empezó el 9 de agosto de 2007, cuando el banco Paribas National anunció el cierre de uno de sus fondos de bonos hipotecarios, poco después otros bancos en Estados Unidos y Europa anunciaron pérdidas similares, el mercado de valores empezó a caer y hubo una avalancha de pérdidas que se prolongó por 18 meses hasta mediados de 2009[2], el sector financiero estuvo indefenso y los gobiernos tenían que actuar, pero su respuesta fue rescatar a los bancos, prestamistas hipotecarios y aseguradoras[3]. Se dejó quebrar al banco Lehman Brothers pero la mayoría fue rescatada, American International Group –AIG- la compañía aseguradora que había asegurado a otros bancos y a los hedge founds, cubriendo pérdidas de sus especulaciones con derivados de créditos y otras formas de capital ficticio (ABS, CDS, CDO)[4], pero el Estado la rescató, para que pueda hacer frente a sus obligaciones por las pérdidas sufridas de Goldman Sachs y de otros clientes, es decir, los contribuyentes acabaron pagando a los grandes bancos privados por sus errores. Pero, ¿qué se puede hacer para que el gato (la crisis) baje del árbol?, haciendo alusión al planteamiento del economista conductual, George Akerlof, -premio nobel de economía junto con Joseph Stiglitz-.


Los economistas postkeynesianos sostienen la idea de que la crisis de 2008 es ajena al mercado inmobiliario de Estados Unidos, ni creen que tiene relación con un fenómeno estrictamente financiero, sino que debe explicarse de forma endógena[5], es decir, a partir de una acumulación insostenible de la deuda interna. De esta manera el peso de la deuda acumulada acaba pesando más que la capacidad de los agentes para mantener el crecimiento de su gasto con más deuda, lo que provoca que la demanda se reduzca bruscamente iniciando un proceso de desendeudamiento que puede ser largo un muy costoso induciendo a la denominada “trampa de la deuda”.


De esta manera, pasa de ser una crisis financiera a una crisis de crecimiento y empleo, provocando un círculo vicioso[6] que se traduce en el crédito que muchos agentes necesitan para mantener su nivel de gasto, lo que provoca una reducción de la renta, esta caída genera un incremento de la deuda agravando la situación de los bancos. Estos problemas de insolvencia de los agentes afectan a su vez, a las finanzas públicas, y, en la medida que las entidades estatales adquieren esas deudas provoca que la prima de riesgo país se incremente debilitando el valor de los títulos de deuda pública. Los balances de las entidades financieras privadas se resienten, dado que, entre sus activos cuentan con importantes volúmenes de títulos públicos. La subida de la prima de riesgo se traslada a los tipos de interés, que termina agravando la situación económica, que se traduce en las políticas de austeridad y en la falta de una actuación del Banco Central Europeo (BCE) para estabilizar los mercados de deuda y terminar empeorando la situación de los bancos.


En este sentido, es importante mencionar el “Momento de Minsky”, acuñado por el economista Paul McCulley[7] quien señaló que el apalancamiento va bien –una deuda ascendiente, en comparación con los ingresos y los activos– hasta que va terriblemente mal, es decir, mientras los niveles de deuda sean relativamente bajos, es probable que los sucesos económicos negativos sean escasos y distantes entre sí, pero esta percepción de seguridad en la deuda relaja los criterios de concesión de préstamos y las empresas y las familias se acostumbran a pedir dinero prestado, lo que genera un incremento general de la deuda. No obstante, esto sienta las bases de una futura catástrofe, dado que los hogares se ven obligados a iniciar su desapalancamiento y empieza la espiral deflación-deuda de Fisher en donde la deuda no sube, el PIB se hunde y el esfuerzo de los deudores por reducir su deuda causa una combinación de depresión y deflación, que agrava los problemas de endeudamiento[8].

Desde un punto de vista marxista, las aportaciones de Marx sobre las depresiones económicas tienen que ver sobre todo con el coste del endeudamiento, el tipo de interés de mercado está determinado en general por las expectativas medias de beneficios de la clase capitalista, es decir, el interés es solo una parte de la plusvalía y esta última es un factor clave para la inversión. Y desde este punto de vista si la inversión de las variables independientes, lo que causa su caída, es el agotamiento de los espíritus animales entre los empresarios y la falta de confianza. Citando a Minsky: a pesar de la mayor complejidad de las relaciones financieras, el determinante clave del comportamiento del sistema sigue siendo el nivel de los beneficios[9].


Pero la opinión marxista va más allá y se aleja del punto de vista keynesiano -Beneficios=Inversión-ahorro (no capitalistas)- y plantea que antes que los ahorros y la inversión tenemos la generación de plusvalía que proviene de la actividad de los trabajadores en el proceso de producción. En otros términos, según el economista marxista Michael Roberts, no es la irracionalidad especulativa de las inversiones sino el movimiento objetivo de los beneficios lo que decide si los propietarios de estos beneficios invierten más o menos, es decir, la inversión en una economía depende de los beneficios. Además, a través de este enfoque económico, el enorme crecimiento de la deuda de crédito que llevó a una burbuja de crédito caerá cuando la tasa de beneficio empiece a caer, y, de forma más inmediata cuando los beneficios totales caigan.


Finalmente terminaré con una frase del economista Robert Lucas Jr.: “En la práctica, el problema principal de la prevención de depresiones ha sido resuelto”, la experiencia reciente nos demuestra que esto no es así, además de los argumentos dados en este ensayo, está claro que queda todavía un camino largo en donde hablar de crisis sea una utopía. Michael Roberts en su libro: “La Larga Depresión” afirma que Keynes no necesitaba de una teoría del valor ni la ley de la rentabilidad para explicar las crisis capitalistas, sino que estos se trataban de fallos técnicos que se hallaban en el sector financiero de la economía, pero de ninguna manera en lo productivo. Es decir, la crisis sucede por una falta de demanda efectiva (inexplicable caída de la inversión y del consumo que hace que los beneficios y los salarios disminuyan), por otro lado, Marx sugiere empezar por los beneficios. Si los beneficios caen los capitalistas dejan de invertir y se deshacen de trabajadores, los salarios disminuyen y el consumo se reduce y que el problema está en la naturaleza de la producción capitalista, no en el sector financiero. El problema principal está en la rentabilidad, pero no hay que quitar los ojos del papel del crédito y de la deuda en esta crisis. En definitiva y respondiendo a la pregunta de Akerlof, para que “el gato baje del árbol” considero que es necesario más intervención fiscal y monetaria, así como también, incrementar el nivel de regulación en las finanzas para que el apetito voraz por el capital ficticio (innovaciones financieras) y el incremento de la competencia, no impacte negativamente en la sociedad que al final de cuentas son quienes pagan los platos rotos.

[1] Álvarez, I. Luengo, F. Uxó, J.: Fracturas y crisis en Europa, Clave intelectual, Madrid, 2013. Pág. 167.


[2] Roberts, M.: La Larga Depresión: cómo ocurrió, por qué ocurrió y qué ocurrirá a continuación, El Viejo Topo, Madrid, 2017. Pág. 87.


[3] Ibídem Roberts. Pág. 89.


[4] Lordon F. El porqué de las crisis financieras y cómo evitarlas. Madrid: Centro de Investigación para la Paz: Catarata, 2009.


[5] Ibídem. Álvarez, I. Luengo, F. Uxó, J. Pág. 168.


[6] Ibídem. Álvarez, I. Luengo, F. Uxó, J. Pág. 169.


[7] Krugman PR. ¡Acabad ya con esta crisis! [1a ed.] ed. Madrid: Crítica, 2012. Pág. 57


[8] Ibídem. Krugman. Pág. 56 – 63


[9] Ibídem. Roberts, M. Pág. 108-119.

 
 
 

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